Los inicios de la mafia rosarina

Los inicios de la mafia rosarina

 Argentina, al ser un país construido en parte por descendientes de italianos, adoptó buenas costumbres de los tanos, pero también sus partes más negativas. En este sentido, la oleada inmigratoria que empezó a inicios del Siglo XX trajo consigo la llegada de la mafia proveniente de Sicilia.

 Como primer antecedente mundial, justamente esta región de Italia sacó chapa de “La cossa nostra”. Era una zona llena de limoneros, cuyo fruto era muy rentable para la época del 1870, y por el que muchos desearían poder ser propietarios. Benedetto Carollo sería el primero en hacer uso del crimen organizado para sacar sus ganancias de una finca, en base a arriesgar la vida de los que trabajan ahí. Así, se comenzaron a dar los primeros antecedentes de lo que conoceremos como conducta mafiosa: intimidación, especulación y extorción.

Esta conducta se iría expandiendo en todos los rubros que se consideraban fructíferos. De tal manera, si a una persona le iba bien en su trabajo, inmediatamente era visitada por un grupo que se ofrecería “su ayuda” a cambio de una buena parte del negocio. Si esta persona se negaba, no sólo no contaría con la colaboración, sino que esta familia se encargaría de destruir de base su trabajo, y amenazándolo de muerte, si es que no llegaba a parecer un accidente.

 Con este historial, es que siete sicilianos se subirían a un barco con destino a Argentina, apostando por extender el negocio del crimen organizado a América. Bajo la fachada de ser cultivadores de olivo, evitaron aparecer en sus documentos con antecedentes delictivos. Estos siete italianos, que el 12 de diciembre se registraron en el Hotel de Inmigrantes de Buenos Aires fueron: José Albarracín, Giuseppe Ambrosetti, Pepe Anchoristi, Luisiano Garccio, Benito Ferrarotti, Felipo Dainotto y Juan Galiffi. Este último alcanzaría la fama por ser el capo máximo de la mafia en Argentina, trabajando bajo su alias “Chicho Grande”, y siendo padre de la célebre Agata Galiffi.

Chicho Grande a la izquierda, Chicho Chico a la derecha

El inicio de la mafia local

Sus primeros accionares fueron el cobro de “colaboraciones” entre los comerciantes de origen siciliano, para luego actuar con los de diversa procedencia. No pasó mucho hasta que incorporaron la práctica del secuestro extorsivo y el tráfico de verduras. Las primeras víctimas elegidas eran personas de recursos bajos o medios, pero con el correr de los años apuntarían a secuestros de acaudalados, como eran Marcelo Martin o Abel Ayerza.

El secuestro extorsivo puede dividirse en diferentes aspectos o etapas. Primero, se realizaba la labor de inteligencia para conocer el medio en el cual se movía la víctima. En esta fase se contactaba al entregador, alguien cercano a la víctima y que también solía estar ligado a la organización mafiosa.

 El dato curioso es que en general los secuestrados recibían un buen trato. No se los buscaba herir, sino que la familia se alarme y pague el rescate pedido. En otras palabras, los mafiosos no querían dañar a la víctima, puesto que el negocio era devolverla sana. El único caso conocido donde no se lo volvió a ver fue el del mencionado Ayerya, cuya muerte perjudicó mucho la imagen de la mafia en cuanto moral y respeto a su palabra.

Su marca distintiva era la extorsión, que se iniciaba cuando la víctima recibía una carta en la que se le exigía una suma de dinero. La firma de la esquela era una mano negra abierta: era el sello de la mafia. Si no se daban por enterados había un segundo mensaje con instrucciones de dónde dejar el dinero. En caso de no haber respuestas, el ultimátum era la vendetta.

 Es difícil saber exactamente cuántas personas se vieron afectadas por el accionar mafioso. Había un gran temor de las víctimas en denunciar a quienes las amenazaban. Esto sucedía en parte por el miedo a represalias; y en contraparte, a la misma policía que no contaba con buena imagen en la población, quienes la consideraban ineficaz y corrupta.

Amistades mafiosas

Justamente el crimen organizado fue tan influyente en Rosario porque contaba con poca y nula respuesta de parte de los efectivos policiales. Estos eran corruptos y estaban más cerca de ser aliados de la mafia, que sus enemigos o responsables de ponerles fin. Además, eran extremadamente violentos y, llegando a su máximo punto durante la década infame. Entre sus “técnicas” de orden y seguridad, utilizaban picanas eléctricas y la aplicación de torturas para presos comunes y políticos.

 Así, se destaca el caso en el que la policía porteña secuestró a Carmelo Vinti en Rosario, sin ninguna orden judicial, lo llevó al Departamento Central de Policía de Buenos Aires, donde lo torturó hasta la muerte.

 Irónicamente, así la mafia consiguió más trabajo, ya que empezó a ser negocio la protección de testigos o posibles intimados por la policía. Como los clanes tenían sus comisarios negociados, estos se aseguraban que nadie que les pagara pudiera ser arrestado o desaparecido por las fuerzas armadas.

El primer secuestro conocido efectuado por la mafia local fue el del joven cochero José Sabater o Zapater, de origen catalán.

Tapa La Gaceta Tucumán

Prensa

 Es a partir de 1916 que comienza a aparecer en la prensa rosarina referencias al accionar mafioso. Entre los titulares destacados, se informó del atentado sufrido por el almacenero Félix Rioja en la puerta de su negocio, de la esquina de 9 de julio y Rodríguez. Según relatos, este comerciante se negó a pagar una contribución de $5000 de protección, y recibió severas amenazas por su negativa, antes de recibir dos disparos del sicario.

Casualmente en la misma zona encontrarían muerto el periodista Silvio Alzogaray, en plena tarde en la puerta de su casa, un 8 de octubre de 1932. Las creencias de su asesinato estiman que fue por “no mantener la boca cerrada” en su labor como figura pública. La ejecución había sido decidida por parte de los capos, bajo la clave Omertà: que significaba no tener más nada que decir; ya está todo pensado.

 Con respecto al rol de los periódicos en la organización, cumplían una función en las listas de suscripción. Eran comunes en los grupos anarquistas o sindicalistas y se publicaban en los medios de obreros. Ahí los mafiosos se anotaban para ayudar a algún compañero detenido o perseguido por la policía. Cada uno se ponía en una función de contribuyente, y ayudaba de acuerdo a sus posibilidades. En síntesis, era una suerte de solidaridad entre paisanos.

 Andar

 El modus operandi de la mafia hablaba de cómo se vivían en esos días. Estudiaban fría y calculadamente dónde se realizaría el atentado, de qué forma y por quién. Que sean lugares al aire libre y en plena luz del día, muestra claramente la impunidad que manejaban.

 Luego de una disputa interna, donde quedó revelado todo lo que manejaba Juan Galiffi, y terminó siendo deportado el 17 de abril de 1935, a pesar de que no pudieron condenarlo por ningún hecho mafioso. Así, la historia de la mafia rosarina entró en hibernación, pero dejo una infraestructura que siguió trabajando hasta nuestros días. Casi como si pareciera una película de Scorsese o Coppola, estos relatos son de ficción, y no dejan de sorprender cómo Rosario fue la sede de estas historias.

Agradecimientos:

La Mafia en Argentina, de Héctor Nicolás Zinni

Historia de la mafia en la Argentina, de Osvaldo Aguirre

Julian Torrisi

Julian Torrisi

Licenciado en Comunicación Social, corredor, cinéfilo y me gusta saber todo. Fan de contar historias, la radio, los deportes y el universo DC.

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