Desinfectarse de la mente

Desinfectarse de la mente

Desinfectarse de la mente,

pero desinfectar en serio,

no mantenerla a raya,

como una enfermedad latente,

como una herida que supura 

y cada tanto se cambia la venda

vieja y sucia,

que en realidad no sirve para nada,

porque se sabe que 

lo que se quiere esconder

continúa ahí,

infectándose,

agrandándose,

colonizándolo todo a su antojo,

contaminando todo a su antojo,

tomando más y más terreno,

hasta abarcarlo todo.

Desinfectar es liquidar,

mejor dicho, 

aniquilar,

al bicho que causó la herida,

sacarlo,

extirparlo,

echarlo,

así de violento como suena,

así de desagradable como se lee,

es deshacerse de lo enfermante 

y de lo putrefacto.

Es quitar y limpiar,

es revolver en viejas heridas,

es sufrir y maldecir,

y, ¿a quién se puede culpar

por no querer hacerlo? 

Porque ahí empieza todo,

ahí es cuando inicia el gran embrollo,

poner fin a las trampas de la mente

es, en primer lugar, 

tener la voluntad 

de querer sanar,

estar finalmente,

agotado de sangrar.

Escritos Febriles

Nos enseñan a mentir

Días grises, personas grises

Me culpo y me perdono

Escritos febriles

Gente de plástico y conversaciones hechas de humo

Lo in evitable

Calma o ruido

La Plaga

Giulia Zanelli

Giulia Zanelli

Nunca no estoy escribiendo y escuchando a Babasónicos. Futura licenciada en comunicación. El arte como salvación.

Deja un comentario