Black Mirror y el totalitarismo liquido de Bauman

Black Mirror y el totalitarismo liquido de Bauman

 Zygmunt Bauman nos hablaba de cómo las redes sociales y YouTube pusieron un punto final a la privacidad, y Black Mirror se encargó de dejarlo más que claro. Esta serie utópica siempre nos presentó capítulos no tan alejados de la realidad, y con lo que fácilmente nos identificamos. En este sentido, nos proponemos analizar las similitudes entre la teoría de este autor y la serie inglesa.

 “Estamos a sólo cinco minutos de esta realidad, si somos torpes”, fue cómo definió Black Mirror su propio creador, Charlie Brooker. Y es que esta ficción tiene poco de exagerado, aunque siempre tenga un elemento que se escapa de nuestra realidad. La esencia de esta pantalla negra tiene su conexión con las malas prácticas tecnológicas, algo que es moneda corriente.

 Siguiendo con Bauman, todos deseamos colonizar la privacidad, tener esa posibilidad de saberlo y contarlo todo acerca de un ser humano. “De hecho, los espectadores reclaman reality shows y los participantes pierden libremente. Y de buen grado su privacidad al exponer su intimidad en las pantallas de televisión con orgullo y alegría” comentaba el filósofo.

Ya en el primer capítulo, The National Athem, se evidencia esa curiosidad por la observación de la vida ajena, y la naturalización de la exposición. Millones de espectadores aguardan ansiosos, detrás de sus pantallas y en la comodidad de su rutina, saber el final de la historia del secuestro de la princesa Sussane. El secuestrador se viste de celebridad cuando decide cambiar el clásico pedido de rescate telefónico, por un video online capaz de replicarse al instante en redes sociales. Así, expone el hecho a la vista de todos los ciudadanos, quienes naturalizan los sucesos a los que es sometido el Primer Ministro Callow.

 Esto se repite en White Bear, en donde para martirizar a Victoria. La protagonista está implicada en la tortura y asesinato de una niña y se monta un reality en donde los espectadores participan y son cómplices recorriendo y filmando a la protagonista.

Pareciera que Bauman fuera el guionista, ya que la forma de establecer justicia es la tortura a través de una transmisión masiva. La tecnología -dentro de la cual cabe mencionar al dispositivo para borrar la memoria y a los medios masivos- aparece como parte determinante de este espectáculo.

“De hecho, los espectadores reclaman reality shows y los participantes pierden libremente y de buen grado su privacidad al exponer su intimidad en las pantallas de televisión con orgullo y alegría”.

 En esta línea, debemos retomar un concepto clave de Sygmunt Bauman, la modernidad liquida. La metáfora de la liquidez intenta también dar cuenta de la precariedad de los vínculos humanos en una sociedad individualista y privatizada, marcada por el carácter transitorio y volátil de sus relaciones. En otras palabras, no hay nada más descartable que el ser humano, quien se rechaza en pos del espectáculo, de la tensión y del rating. Esto queda más que claro con el secuestro, donde vemos que el destino de Sussane es menos importante que la reacción en vivo de la audiencia.

Black Mirror

En sintonía con Bauman, el filósofo contemporáneo Byung-Chul Han se refiere a la sociedad actual como la sociedad de la transparencia, considerando que “esta lleva a la información total. Así, no permite lagunas de información ni de visión y se acelera rechazando todo tipo de negatividad”. La sociedad de la transparencia valora la exposición. “Cada sujeto es su propio objeto de publicidad. Todo se mide en su valor de exposición”.

«Vivimos en un mundo que tiende a la hipervisibilidad, un espacio sin secretos ni misterios ocultos. “A la sociedad de la transparencia toda distancia le parece una negatividad que hay que eliminar. Constituye un obstáculo para la aceleración de los ciclos de la comunicación y del capital”.

Como cierre, Bauman destaca que para que el poder fluya, el mundo debe estar libre de trabas, barreras, fronteras fortificadas y controles. Cualquier trama densa de nexos sociales, implica un obstáculo que debe ser eliminado. Esto se puede observar en Black Mirror, cuando los poderes globales están abocados al desmantelamiento de esas redes, en nombre de una mayor y constante fluidez. Esta es la fuente principal de su fuerza y la garantía de su invencibilidad. Y el derrumbe, la fragilidad, la vulnerabilidad, la transitoriedad y la precariedad de los vínculos y redes humanos permiten que esos poderes puedan actuar.

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Julian Torrisi

Julian Torrisi

Licenciado en Comunicación Social, corredor, cinéfilo y me gusta saber todo. Fan de contar historias, la radio, los deportes y el universo DC.

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