Apostar por la resiliencia en clase

Apostar por la resiliencia en clase
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 En todos los niveles educativos se presentan situaciones que no estaban dentro de los planes habituales de clase. Ya sea niños y jóvenes que no pasan por un buen momento, trasfondos poco favorables, o realidades que no son las ideales, pero que existen. Es en esas circunstancias donde aparece lo esencial de educar, de poder hacer frente a estos estadios y encararlos con la mayor confianza.

 Como punto de partida, debemos entender que la resiliencia es la capacidad de las personas o los grupos humanos para desarrollarse de manera positiva y crecer, a pesar de grandes dificultades. Esto refiere a los estudios de Boris Cyrulnik, quien describe a la perspectiva de la resiliencia como aquella que promueve una esperanza realista que no niega la realidad de los problemas.

 Así, debemos tener presente que son varios los factores que contribuyen a la plena construcción de los jóvenes, y estos son actores que forman parte de un proceso; sumergido en un contexto y en el momento histórico en el que viven. De ahí aparece lo valioso de la ayuda profesional, que logra dar facilidades a la aceptación de lo que no se puede cambiar, para dar fuerza a lo que sí, y poder comprender esta diferencia.

 Por consiguiente, la clave aquí es el encuentro con el otro, el trabajo emocional, la empatía que puede darle un profesional de la educación a estos niños, ayudarlos a afrontar sus dificultades, y brindarles el apoyo para comprender que de las crisis se pueden salir mejores.

 En esta línea, Boris Cyrulnik describe a esas personas que transmiten confianza, y que apuestan por confiar en los jóvenes, como “tutores de resiliencia”. Ellos se definen por sus actitudes y comportamientos, su abrazo con el otro, y su perseverancia por ayudarlos a encontrar sus motivaciones. Es justamente esta función de la educación la que constituye una inmensa empresa, la de encontrar esa llama que tiene cada persona en su interior, para poder avivarla y extenderla.

 Acá aparecen preguntas claves en el trabajo de la resiliencia, tales como: ¿Cuáles son tus pasatiempos favoritos? ¿Por qué te gustan estos pasatiempos? ¿Tenés proyectos? ¿Cuáles son? – ¿Qué te gustaría hacer en la vida? ¿Y cómo pensás conseguirlo? ¿Te gusta ayudar a los demás? ¿Cómo? – ¿Pensás que la vida tiene un objetivo? Si es así, ¿cuál es?

 Ejemplos de este tipo de relación en búsqueda de sentido están fácilmente a la vista, pero queríamos resaltar dos en particular. El primer caso se trata de la película Billy Elliot, donde el protagonista se encuentra inmenso en una crisis de violencia familiar, y encuentra como su punto de fuga el ballet; apoyado por la Señorita Wilkinson, la única que confió en sus habilidades y lo llevó a explotar su pasión, dándole una motivación para seguir adelante. Así, ella fue la tutora que se basó en la relación y el sentido para explotar esa pasión.

  Como segundo ejemplo, debemos mencionar lo fundamental que es Nelson Mandela en lo que significa hablar de resiliencia. Por una parte, podemos citar como supero la adversidad de estar 27 años en prisión, sin dejar en ningún momento su sueño; y ponerlo en marcha con su libertad, logrando uno de los sucesos más importantes en la historia moderna. Por otro lado, debemos tener presente que en sus años tras las rejas siempre encontró una razón de ser para mirar hacia el día siguiente, ya sea por su objetivo, por sus estudios en derecho, o hasta por su afinidad con la jardinería; de la que se ocupaba todos los días, viendo como crecían las plantas de Robben Island.

 Alentar ese sueño

 Como mencionamos previamente, el primer paso del camino de la resiliencia es aceptar la situación actual, saber que ese pasado será siempre así, y que lo único que podemos cambiar es lo que tenemos por delante. No se trata simplemente de dotar al pasado de sentido, sino poder construirlo de forma activa, entender que a la vida no le podemos imponerle un sentido. Tarde o temprano, descubrimos un sentido a nuestra vida, quizás gracias al intento de buscarlo. El sentido se explora, pero no se manipula.

 Ahí es donde brilla la figura del tutor, que puede acompañar este proceso de diversas maneras; mediante rituales en sus clases, el uso del humor, experiencias lúdicas y artísticas, entre otras. Así, se pueden construir climas de confianzas que faciliten a cada uno de los jóvenes, como al grupo o a la institución.

 Debemos tener presente que uno de los mayores desafíos de los tutores es mantenerse en un punto medio, ya que los extremos son los mayores enemigos. Se debe mejorar la autoestima de los niños, pero en exageración logra la arrogancia; la protección del docente puede terminar en sobreprotección; el humor puede llegar al sarcasmo. En otras palabras, el objetivo es buscar un punto positivo en el que apoyarse para poder crear una ética.

 En este contexto en el que nos enfrenamos en el 2020, debemos ser conscientes que la resiliencia es un proceso que va mucho más allá de la pura recuperación. Hoy no se trata solo de identificar los problemas (que no son pocos), sino también los recursos de las personas y su entorno, para saber cómo movilizarlos. De lo contrario, podemos quedarnos en una primera etapa de aceptación, pero nunca podemos pasar a una que nos permita rehacernos.

 No debemos ahondar en generalismos como “Si yo puedo, vos podés”, ya que cada persona es realmente un mundo. Tampoco podemos pecar en optimistas, porque la resiliencia se trata de articular el realismo y la esperanza, considerando que ambos términos se necesitan mutuamente. Es aquí donde aparecen aquellos verdaderos educadores, que apuestan por la confianza en el otro; de la misma forma que nos sentimos más llenos de valor cuando valoran y creen en nosotros.

 Como conclusión, resaltamos que la valorización en el otro es una de las claves para poder avivar la llama, y es necesario que todos nos convirtamos en tutores de resiliencia para apoyar a aquellos que necesitan de esa motivación. Todos debemos dejar de ser prisioneros de nuestro pasado, para evolucionar hacia un futuro más abierto en el que las posibilidades de crecimiento son posibles.

Julian Torrisi

Julian Torrisi

Licenciado en Comunicación Social, corredor, cinéfilo y me gusta saber todo. Fan de contar historias, la radio, los deportes y el universo DC.

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