Antes del Snyder Cut: reflexiones sobre la visión de su autor y la construcción del DCEU

Antes del Snyder Cut: reflexiones sobre la visión de su autor y la construcción del DCEU

La Liga de la Justicia de Zack Snyder’ ya pasó por las retinas de casi todo el mundo. Un esperado estreno que la actual crisis en la industria, derivada de la pandemia, no hizo más que magnificar, y que en Diario Tinta Nova ya comentamos largo y tendido por nuestro podcast. Superado un poco el torbellino que el lanzamiento del “Snyder Cut” generó entre propios y extraños, hoy toca reflexionar sobre lo que sigue siendo un fenómeno a nivel multimedia, desde la humilde óptica de un servidor. 

Amando a Zack, odiando a Snyder

Con el éxito de ‘300’ (2007), Snyder se ganó la confianza de Warner Bros. por casi una década.

Hablar del cine de Zack Snyder, para mí, es prácticamente hablar de lo que me introdujo definitivamente en el cómic y sus adaptaciones audiovisuales. Incluso sin saberlo (era muy chico como para fijarme quién era el director), ya había disfrutado de su trabajo con el remake de ‘Dawn of the Dead’ (2004) y aún más con ‘300’ (2007). Esta última, épica adaptación del cómic homónimo de Frank Miller, tenía todos los ingrediente para gustar a un pibito impresionable: sangre, sexo, y discursos grandilocuentes que hasta hoy me siguen dando piel de gallina.

Quizá fueron esos mismos elementos los que me fascinaron en ‘Watchmen’ (2009). Hasta entonces, crecí con los superhéroes sin pasar de series animadas como ‘Liga de la Justicia’ (2001-2004) y ‘Spider-Man’ (1994-1998); y en cine, principalmente de la trilogía arácnida de Sam Raimi y los X-Men de Fox. Todas obras que, si bien alegraban mis tardes, seguían sin despertar mi curiosidad en la fuente original, los cómics

Fue aquella adaptación de Snyder el detonante de mi aún vigente fiebre por los enmascarados: no sólo me morfé la novela gráfica de Alan Moore y Dave Gibbons apenas pude, sino todos los cómics, series y filmes que pude, en especial de DC. El Batman de Miller, Starlin y Loeb en papel, el de Nolan y Burton en celuloide; las películas del universo animado; ‘Arrow’; ‘Crisis en Tierras infinitas’, ‘Flashpoint’, ‘Kingdom Come’ y otras tantas aventuras en viñetas… siempre con ‘Watchmen’ en un pedestal. 

Pero, a la par que supe quién realizó su traslación fílmica (ignorando, aún, el relativo peso del director en Hollywood), aquel contacto con las fuentes me abrió los ojos y la cabeza. Mientras dejaba de cerrarme en una visión “oscura y realista” de justicieros en trajes multicolor, noté como Snyder no sólo se limitó a calcar las viñetas con una fotografía tenebrista y slow-motion. También retorció la tesis de la obra: los superhéroes según ‘Watchmen’ ya no son patéticos y/o temibles, ahora son admirables y pueden luchar como ninjas, aunque sean cuarentones sin poderes y lleven una década retirados. Para mayor evidencia, sus propias palabras durante una entrevista de EW en 2009:

«Tenía un amigo intentando que me aficionara a los cómics «normales», pero yo pensaba «Nadie está teniendo sexo o matándose entre sí. Esto no es para mí» […] Así que cuando apareció ‘Watchmen’ pensé «esto es un poco más mi onda».» confesaba Snyder, entre otras declaraciones que presagiaban su futura incursión con los íconos de DC.

‘El hombre de acero’ (2013) no terminó de convencer ni a crítica ni a público.

Pero aún no pensaba así para cuando vi ‘El hombre de acero’ (2013) en cines; Superman todavía no era uno de mis personajes favoritos, mayormente por ignorar lo que representa el personaje. Ya entonces no la pasé bien: el tedio por el melodrama pobremente ejecutado por Snyder daba paso al hastío en su tramo final, empachado de explosiones CGI y los peores tópicos del compositor Hans Zimmer. Tampoco ayudaban las tibias actuaciones de su elenco, en especial un Henry Cavill que desde entonces nunca tuvo un guion ni directrices a la altura de su porte como el Hombre del Mañana.

Aún así, ‘El hombre de acero’ no es la peor película de orígenes superheroicos, y dejaba algunos planteamientos más que interesantes para desarrollar a futuro. Hasta que llegó ‘Batman vs Superman: El origen de la justicia’ (2016).

Puede decirse que, en la cinta del kriptoniano, Snyder estuvo bastante contenido; Chris Nolan y su trabajo con el Caballero Oscuro eran el mayor referente, al punto que David S. Goyer (guionista en la trilogía del Murciélago) y el mismo cineasta británico estuvieron directamente involucrados. Entonces se dio el boom de los superhéroes con ‘Los Vengadores’ (2012) y Warner Bros. se percató de la mina de oro que siempre tuvo entre manos. Y lo que en un principio sería la segunda entrega de una trilogía centrada en Kal-El, mutó en el crossover cinematográfico que llevaba décadas esperándose: Batman y Superman finalmente se verían las caras en pantalla grande, y nada más ni nada menos que para agarrarse a trompadas.  

Mis expectativas de entonces eran tan inmensas como las que tuvo Warner Bros. en emular el triunfo de Marvel Studios. Al menos, para mí, el desarrollo de “BvS” coincidió con el apogeo de mi interés en los cómics y el cine en general. Cada noticia aumentaba el entusiasmo: desde las primeras imágenes de Ben Affleck como Batman, hasta el cacareado tono “realista y trascendental” que tendría el filme por parte de Snyder y compañía. Un abordaje de los superhéroes que aún sigo prefiriendo (obviamente, si el personaje lo permite); y que era una bocanada de aire fresco frente a los paladines demasiado desenfadados del UCM.

La libertad creativa y confianza en Snyder era prácticamente absoluta, ahora que Nolan estaba en la suya y sólo quedaba Goyer en guiones, luego opacado por el arribo del oscarizado Chris Terrio al meterse Affleck. Y entre las ansias de Warner por cimentar su universo, y la propia inclinación de Zack por los excesos, ‘Batman v Superman’ pasó a ser más un prólogo de la Liga de la Justicia que una película enfocada en el cruce de sus protagonistas. Que Gal Gadot como Wonder Woman, que cameos de Aquaman y Flash, que la rumoreada aparición de Doomsday… Señales de que lo que se venía, o era la gloria fílmica, o era un fiasco tremendo. Y entonces, el 24 de marzo de 2016, lo descubrí.

La decepción fue total. Los personajes no sólo eran irreconocibles respecto a sus homólogos comiqueros, por mucho que se vieran como ellos (salvo el payasesco Luthor); sino que, para colmo, tampoco se sostenían como personajes cinematográficos. En el caso de Superman, sin duda fue el más perjudicado. Lo peor no es que muere en su segunda aparición, sino que involuciona respecto al anterior filme, apenas tiene diálogos y, lejos de encarnar esperanza, fácilmente se deja llevar por emociones como la rabia y la tristeza. Así, poco contrapunto representaba para el Encapotado, devaluando el enfrentamiento. 

Snyder, a quien le reconozco varias buenas ideas, claramente proyectó demasiado el objetivismo de su admirada Ayn Rand, ya presente en la obra que más inspiró la película: ‘El regreso del Caballero Oscuro’ de, sorpresa, Frank Miller. Así, el existencialismo en ‘El hombre de acero’ y su protagonista, palideció ante la filosofía randiana traída con Batfleck (con todo, bien interpretado por su estrella). Lo aclaro para que no me malinterpreten: el problema de BvS no era su tono ni tesis, sino que se caía por el peso de su propia pretenciosidad, gracias a un guión con tantas subtramas como lagunas. Lástima que Warner (y la audiencia hasta hoy) sólo se enfocaron en lo primero. Así pasó lo que vino.

‘Liga de la Justicia’ y una producción accidentada atravesada por la tragedia

La productora, aterrorizada por la recepción mixta de lo que se suponía su buque insignia cinematográfico, inició un control de daños que la terminaría condenando. La primera víctima fue ‘Escuadrón suicida’ (2016) de David Ayer, forzada a una vuelta al rodaje para añadir más “humor”. La postproducción y publicidad de la película la cubrió con un manto mucho más colorinche, alocado y pop, lo que contrastaba con su estética y personajes mayormente sombríos. El resultado: un monstruo de Frankenstein audiovisual, pronóstico de lo que sucedería con ‘Liga de la Justicia’ (2017).

Ni siquiera la, en su momento, prometedora ‘Mujer Maravilla’ (2017) zafó de la bajada de línea. El estudio obligó a cambiar el final original, más discreto y amargo, por una sobrecargada batalla final entre la amazona y Ares (David Thewlis), empañando el buen hacer de Patty Jenkins en los primeros dos actos. Acá aparecieron dos nombres claves en esta metida de mano: Geoff Johns (presidente de DC Entertainment y reconocido guionista de cómics) y Jon Berg (productor y supervisor creativo). Ambos, figuras prominentes en el desastre posterior. 

Como mencioné, antes del estreno de BvS, la confianza en Snyder y el “Universo Extendido de DC” era total. Un vistazo al calendario del DCEU, liberado en el ya lejano octubre de 2014, da entre ternura y bronca. Voy a subrayar las únicas que cumplieron:

  • “Suicide Squad” – 5 de agosto de 2016
  • “Wonder Woman” – 23 de junio de 2017
  • “Justice League Part One” – 17 de noviembre de 2017
  • “The Flash” – 23 de marzo de 2018
  • “Aquaman”  – 27 de julio de 2018
  • “Shazam” – 5 de abril de 2019
  • “Justice League Part Two” – 14 de junio de 2019
  • “Cyborg” – 3 de abril de 2020
  • “Green Lantern” – 19 de junio de 2020

El esquema original de Zack Snyder para el “DC Expanded Universe”, muy distinto al UCM. 

Lista que no tiene en cuenta los demás proyectos cajoneados de la casa, como ‘El hombre de acero 2’, ‘Nightwing’ y ‘The Batman’ (que mutó en un reinicio con Robert Pattinson como el Murciélago), entre varios otros. 

En retrospectiva, es incomprensible cómo un estudio del calibre de Warner Bros. pudo dar luz verde y tirar toda la carne al asador, para luego arrepentirse en pleno proceso, empeorando las cosas. Aún más intrigante es el porqué no dejó las cosas claras con Snyder desde un principio: el realizador, que además supervisaba todas las producciones del DCEU, jamás lo concibió como un universo análogo al de Marvel Studios (como “esperaba” Warner). Su idea era una saga de cinco películas con Superman y su evolución como eje central, desde su cinta en solitario hasta una hipotética ‘Liga de la Justicia 3’, y spin-offs de los demás héroes para complementar ese arco mayor.

Una epopeya que, como ‘Batman v Superman’, quemaba demasiados cartuchos de una: Darkseid y los Nuevos Dioses, un futuro postapocalíptico como conflicto principal, Batman sacrificando su vida en el desenlace. Aún así, los planes originales del cineasta y Terrio ya consideraban un tono más “luminoso” para la primera reunión de la Liga; sin embargo, por el lado de Warner la decisión ya estaba tomada: Zack Snyder no debía continuar. Pero, lejos de despedirlo como corresponde, llevaron a cabo una de las campañas más deleznables en la historia de la industria cinematográfica.

El 22 de mayo de 2017, Zack Snyder abandonaba la postproducción de ‘Liga de la Justicia’, aquejado por el suicidio de su hija Autumn en marzo. El mismo Snyder convocó en su reemplazo a Joss Whedon (ya famoso antes de dirigir ‘Los Vengadores’ y su secuela), quien quedaba para ultimar detalles de la edición y reescribir algunas escenas que “mejoraran” la química entre los personajes (lo). Esa era la versión oficial… nada más lejos de la verdad. 

Snyder, a pesar del doloroso hecho personal, quería seguir trabajando en la película. Pero las continuas presiones de los ejecutivos, junto a la intromisión de Johns y Berg en los guiones, terminaron por colmar su paciencia y dio un paso al costado. La llegada de Whedon significó mucho más que unas pocas regrabaciones: no sólo rodó más de lo que se dijo, con una calidad cuestionable desde lo técnico y lo creativo, sino que también tuvo un comportamiento en el set que resultó en su condena social y profesional. Incluso el compositor, Junkie XL, fue apartado en favor de un decadente Danny Elfman.

El fracaso comercial de ‘Liga de la Justicia’ (2017) fue uno de los más sonados de aquel año.

El último clavo en el ataúd lo puso la misma Warner Bros. Pictures, que ni siquiera respetó tampoco el trabajo de Whedon, y presionó por un corte final de apenas 121 minutos y un lanzamiento sí o sí para 2017. La razón de esto último era simple: la fusión de AT&T y Time Warner era inminente, y si el filme se atrasaba a 2018, los bonos para los CEO del grupo también habrían sido movidos al próximo año, momento para el que quizás ya no estarían en sus puestos. Finalmente, ‘Liga de la Justicia’ llegó a los cines el 17 de noviembre de 2017, siendo el peor estreno de todo el DCEU: recaudó apenas 657,9 millones de dólares, con un presupuesto mayor a 300. Sólo ‘El hombre de acero’ desembolsó 668 palos verdes.

El fracaso no fue sólo monetario. El CGI evidentemente sin pulir, los diálogos y situaciones de vergüenza ajena, y un montaje al que se le notaban todas las costuras, repelieron hasta al mismo fandom. Incluso yo, que no era (ni soy) devoto de lo hecho por Zack, reconocía que lo proyectado era un insulto a realizadores y espectadores.

Entonces, empezaron a sonar voces que hablaban de un “corte de Snyder” o “Snyder Cut”. Los fans, descontentos con lo visto en salas, empezaron a exigir la liberación de este montaje “sin corromper”, con el mal historial de Warner (desde la época de Superman II, en 1980) a su favor. Figuras de la misma Warner-DC como Kevin Smith (cineasta y guionista de cómics) y Jay Oliva (director de filmes animados como ‘Flashpoint Paradox’) apoyaban la existencia de esta versión del director. Y el mismísimo Zack Snyder lo confirmaba, de a puchitos, a través de su perfil de Vero. «En mi planeta significa “esperanza”.»

Continuará…

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Julián Romano

Julián Romano

Redactor, historietista y estudiante de realización audiovisual rosarino. Amo la ficción de género y explotación, así como también la riqueza cultural e histórica de mi país. Recibí una educación cristiana, pero en mi altar está Cthulhu.

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