A pie, sin tarifa fija: recorrido por la irracionalidad mejor planificada

A pie, sin tarifa fija: recorrido por la irracionalidad mejor planificada
La pista del ex aeropuerto Tempelhof hoy. Foto: Dolores Martínez

Berlín, Praga. Marcas de un siglo veinte agitado.

  Berlín. Inusual frio primaveral. La capital alemana es un museo a cielo abierto (¡¡frase jamás dicha!!). Los free tours, que parten en su mayoría de la plazoleta ubicada al frente del lujoso Hotel Adlon, son la mejor opción. Puerta de Brandeburgo, West Side Gallery, Reischtag y el simpático Checkpoint Charlie conforman el itinerario básico casi obligado para los visitantes primerizos.

Más allá de estos ineludibles, la ciudad contiene dos lugares que llaman poderosamente la atención por su inmensidad imponente, su fastuosidad y arquitectura simple pero maciza. Uno, forma parte del recorrido habitual y se emplaza al otro lado del fragmento del muro que se mantiene en pie sobre el predio del museo de la Topografía del Terror (ex sede de la policía secreta de Hitler) y es el edificio del antiguo ministerio de la aviación nazi, hoy ministerio federal de finanzas. Se dice fue construido de esa forma para que en caso de ser bombardeado queden en pie sus ruinas y así demostrar la fortaleza del tercer Reich. El otro, escapa a los circuitos turísticos y está ubicado al sur de la ciudad, cerca de Neukölln. Supo ser el edificio más grande del mundo por muchos años: el ex aeropuerto de Tempelhof, hoy sede de oficinas estatales y universidades privadas. Las águilas imperiales gigantes esculpidas en las paredes y su estructura en forma de semicírculo de más de un kilómetro de largo proponen una imagen imperial, casi faraónica (nota de color: allí se filmaron memorables escenas de la comedia hollywoodense Uno, Dos, Tres del gran Billy Wilder). Su otrora pista de despegue y aterrizaje, luego parque de diversiones, actualmente es aprovechada por miles de berlineses que construyen huertas comunitarias y andan en patines o skate en medio del paisaje verde que ofrecen los árboles que fueron plantados de forma espontánea e irregular casi en las antípodas del súper planificado Tiergarten de la posguerra.  

  Praga. Ciudad de casco histórico pequeño, con el puente Carlos y el castillo de los reyes de Bohemia como principales atracciones. Otra vez el tour sin tarifa fija por la historia del siglo veinte de la principal urbe de la ex Checoslovaquia. La figura de Franz Kafka inmortalizada en una placa en el frente de una pequeña casa del casi oculto callejón de oro que rodea al castillo y también en una estatua al ingreso del pintoresco barrio Josefov, en el que, victoria alemana en la segunda guerra mundial mediante, se hubiese erigido el sombrío museo de la Raza Extinta.

Plaza de Wenceslao hoy vista desde las puertas del Museo Nacional. Foto: Dolores Martínez

La catacumba donde se escondieron los agresores de Reinhard Heydrich luego de atacarlo en mayo de 1942 funge como santuario pagano para los checos, que resistieron estoicamente a la ocupación alemana durante la segunda guerra mundial. Otro acontecimiento que dejo huellas en la ciudad fue la famosa primavera política de 1968, que finalizó con la llegada de las tropas soviéticas enviadas desde Moscú y fue la fuente de inspiración para Milan Kundera y su conmovedora Insoportable Levedad del Ser. La inmolación del joven Jan Palach un año después en la plaza de Wenceslao se convirtió en otro sitio sagrado para el movimiento civil que cantó victoria dos décadas después tras la llamada revolución de terciopelo. 

Cementerio del barrio judío Josefov. Foto: Dolores Martínez

  Próxima estación, Cracovia…

Texto: José María Aused

Fotos: Dolores Martínez 

Redaccion

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